Un local en la calle de Aragón, 2009
En marzo de 2009, Manuel Gutiérrez firmó el contrato del bajo en la calle de Aragón 33, a dos pasos de la plaza de los Sitios. Llevaba ocho años limpiando oficinas para otra empresa y sabía dos cosas: que el centro de Zaragoza se vaciaba de oficinas pequeñas los viernes por la tarde, y que esos locales necesitaban a alguien que apareciera el sábado por la mañana. Compró dos aspiradoras de agua, una fregadora de segunda mano y una furgoneta prestada por su hermano. La primera semana trabajó solo. La segunda llamó a Marta Martín, que había coincidido con él en una contrata del Actur y conocía los portales del barrio de la Almozara mejor que su propio rellano.
El arranque fue lento, como el de casi todo en 2009. La crisis había dejado locales vacíos y presupuestos congelados, y las empresas grandes recortaban antes la limpieza que la nómina. Manuel Gutiérrez decidió no competir por esos contratos. Prefirió coger encargos pequeños: una peluquería en la calle Don Jaime I, un despacho de gestoría en el paseo Independencia, un piso en alquiler en el barrio de San Pablo que un propietario quería entregar limpio antes de enseñarlo. Cobraba por horas, con una tarifa escrita en un folio que todavía se conserva en el cajón de administración.
Lo que la empresa no hace
La lista de negativas llegó antes que la lista de servicios. No se trabaja sobre vehículos, ni sobre instalaciones eléctricas de la red, ni sobre circuitos de frío, ni sobre la fábrica del edificio: si hay que levantar un rodapié, repasar un cuadro eléctrico o tocar la estructura, el encargo se deriva a quien tenga oficio para ello. Tampoco se aplican pesticidas ni biocidas, ni se hacen tratamientos sanitarios. Eyeboltnexazeno S.C. no tiene carné de instalador, ni licencia de actividad que lo cubra, ni pertenece a ningún colegio profesional, y la web no insinúa lo contrario.
Esa frontera se fijó por un encargo concreto, no por prudencia. En 2011, un cliente del barrio de Delicias pidió que se desinfectara un trastero con humedad y se aplicara un producto contra la carcoma. Manuel Domínguez, que llevaba compras y materiales, dijo que no. El producto requería una aplicación que la empresa no estaba autorizada a hacer, y hacerla habría dejado al cliente sin garantía y a la empresa sin cobertura. Desde entonces la respuesta es la misma cada vez que llega una petición parecida.
Los cuatro que están
Hoy trabajan cuatro personas y no hay más. Manuel Gutiérrez lleva administración; Marta Martín dirige los trabajos y reparte las cuadrillas; María Navarro atiende las citas y organiza las rutas por distritos; Manuel Domínguez gestiona compras y proveedores. La empresa no subcontrata a nadie para tareas de limpieza: quien entra en un piso es de la casa. Eso limita cuánto se puede crecer, y se asume.
El horario es de lunes a viernes de 9:00 a 18:00, sábado de 10:00 a 14:00 y domingo cerrado. Las citas se dan por teléfono, en el 976 501888, o por correo a [email protected]. La oficina está en el mismo bajo de la calle de Aragón 33, 50003 Zaragoza, donde empezó todo, y no hay otra sede ni taller.
Obras, pisos y oficinas del centro
La limpieza después de una reforma es el encargo más frecuente. Polvo fino de pladur en los marcos, restos de silicona en los azulejos, yeso pegado en el suelo, ventanas con salpicaduras de pintura. En un piso de setenta metros en el barrio de la Magdalena, dos personas tardan entre seis y ocho horas si la obra ha terminado de verdad; si los gremios siguen dentro, se pospone. En oficinas, el trabajo se reparte por plantas y se hace fuera de horario para no cruzarse con el personal. Ha habido encargos en el entorno de la estación de Delicias, en el Actur y en el barrio de Casablanca, siempre con la misma regla: nada de tocar instalaciones.
María Navarro calcula que un tercio de los avisos que entran son para trabajos que la empresa no hace. Se dice por teléfono en la primera llamada, sin rodeos. Es más rápido para todos.